Pediatría ante la sobreinformación: ordenar evidencia y leer el hogar en la consulta
Federico Caillou, con 22 años de trayectoria en Tucumán, sostiene que la consulta pediátrica debe filtrar mitos de redes e IA, integrar a padres más presentes y bajar la incertidumbre de familias diversas.
· 3 min de lectura Por Redacción Base Tucumán

Hoy un padre puede entrar al consultorio después de googlear un síntoma, ver varios videos en TikTok o consultar a una inteligencia artificial. La abundancia de datos no es el problema; lo complejo suele ser distinguir qué información sirve de verdad.
Ese desplazamiento es uno de los que marca Federico Caillou tras más de dos décadas como pediatra. «Tratamos de ordenar un poco toda esa información y llevarla a la mejor evidencia posible», dijo.
La crianza, el exceso de datos y el lugar del especialista en la salud infantil fueron ejes del encuentro «Sentirnos Bien: la salud en tiempos de grandes cambios». Para Caillou, el escenario clínico cambió mucho, aunque ciertos núcleos se mantienen igual.
«La mamá primeriza sigue siendo la misma», sintetizó. Los temores persisten; lo distinto es todo lo que rodea esos miedos.
Hace veinte años también circulaban creencias: la fiebre asociada a la salida de un diente, qué hacer con la tos u otras ideas sobre la crianza ya llegaban al consultorio. La diferencia actual es que esos mitos conviven con un volumen de contenidos que se propagan a gran velocidad.
Como ejemplo citó material antivacunas en redes. En esos casos, afirmó, no alcanza indicar una conducta: hay que explicar el fundamento. «Cuando vos vacunás a tu hijo o a tu hija, le estás cambiando el futuro», remarcó, porque una vacuna puede evitar que un niño atraviese una enfermedad grave o quede con secuelas.

Ese trabajo explicativo ocupa buena parte del tiempo de atención. «Capaz que en cinco o diez minutos lo revisás. Los otros diez o quince te metés en la familia para conocerla realmente», relató. Indagar qué les preocupa, cómo viven, qué harían ante un síntoma o cuándo conviene volver a consultar forma parte del oficio.
En estos 22 años también mutó quién acompaña al niño. Antes era habitual ver al padre en las primeras visitas y, más adelante, encontrarse sobre todo con la madre. Hoy, según su práctica, concurren con más frecuencia ambos progenitores o incluso solo el papá. «No ha cambiado el compromiso, sino quién forma parte de ese acompañamiento», precisó.
Las generaciones que llegan al consultorio también son otras: padres nativos digitales, habituados a respuestas inmediatas, con proyectos laborales y personales distintos y, a menudo, con hijos en edades más avanzadas. Eso, para el especialista, exige otra forma de ejercer la pediatría. «Primero tengo que adaptarme. Y tengo que saber con qué ojo voy a mirar realmente a ese papá y a ese entorno», señaló.
Hacia el cierre volvió a una idea central: mirar al chico de manera integral. No basta pesarlo, medirlo o confirmar que físicamente está bien. «Ves al niño, ves al papá, ves a la mamá, ves a la abuela, ves a la tía», enumeró. Inciden el trabajo de los padres, los cambios económicos, los vínculos y lo que ocurre dentro del hogar; todo ello puede afectar el bienestar infantil.
Por eso el desafío actual apunta a escuchar, ordenar y reducir la incertidumbre. «Que cuando entren a la consulta se puedan llevar algo más que un signo, un síntoma», planteó. Lo condensó en dos palabras: «Ser claros».
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