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Lavallén reconstruye la odisea en Quito que precedió al triunfo de Atlético Tucumán en Libertadores

Pablo Lavallén repasó la víspera del 1-0 ante El Nacional en 2017: varados en Guayaquil, pasajes de último momento, camisetas de la Sub-20 y llegada al límite al estadio Atahualpa.

· 6 min de lectura Por Redacción Base Tucumán

Lavallén reconstruye la odisea en Quito que precedió al triunfo de Atlético Tucumán en Libertadores

El 7 de febrero de 2017, Atlético Tucumán firmó una de las jornadas más recordadas de su historia al imponerse por 1-0 ante El Nacional en Quito y seguir vivo en la Copa Libertadores. La noche quedó marcada no solo por el resultado sino por todo lo que ocurrió antes del pitazo inicial. Casi una década después, Pablo Lavallén volvió a narrar aquella travesía y describió cómo el Decano estuvo a punto de no pisar el estadio.

La logística apuntaba a eludir la altura de Quito, a unos 2.800 metros. El plantel aterrizó en Guayaquil, a nivel del mar, con la idea de entrar a la capital una hora y media antes del partido, es decir, con dos horas y media de margen en la ciudad. Lavallén abrió el relato con ese esquema: "Íbamos a jugar en Quito. Llegamos a Guayaquil para no sufrir los efectos de la altura, porque Quito tenía 2.800 metros y Guayaquil está a nivel del mar. La idea era llegar una hora y media antes al estadio, o sea que teníamos que estar dos horas y media antes en la ciudad".

El último tramo en el chárter se complicó de inmediato. "Planificamos el chárter que nos había llevado hasta Guayaquil y, cuando quisimos salir hacia Quito, nos decían desde la torre de control que faltaba un papel, que no había una habilitación para que ese avión volara a un aeropuerto de altura como Quito. Que sí, que no, que sí, que no". Mientras el calor en tierra apretaba, el entrenador fue hasta la cabina: "En un momento me acuerdo que me acerqué hasta la cabina del piloto y le dije que, si no podíamos salir, nos íbamos a bajar porque hacía mucho calor en Guayaquil y nos íbamos a descomponer. Habló con la torre y ahí nos autorizaron a ir hasta la cabecera de la pista". En la línea de salida volvieron a frenarlos: "Fuimos hasta la cabecera y, cuando nos paramos en la línea punteada para salir, de vuelta dicen: 'No, no pueden salir, no pueden salir'. Ahí ya nos cansamos y nos bajamos del avión".

Lo que vino después superó lo imaginable. "Nos bajamos del avión en una pista activa. Una locura, una locura. Nos vinieron a buscar, pusieron esos buses que llevan a la gente hasta los aviones, nos hicieron como un cerco y nos dejaron ahí adentro. Estuvimos como una hora en una pista activa". Sin el chárter, la dirigencia improvisó en mostradores: el presidente compró pasajes de línea regular para jugadores, cuerpo técnico y médico; los utileros ya estaban en Quito porque habían viajado antes. La ropa y el equipamiento seguían en el avión privado. "A la hora de bajar la utilería del chárter no hubo tiempo. Entonces, cuando estábamos llegando a Quito, alguien nos dice: 'Mirá que no tenemos la ropa'. Nos bajamos, nos subimos al micro y ahí estaba Luis Juez esperándonos en el aeropuerto".

En el camino al estadio Atahualpa se abrió otra carrera. "La gestión se hace arriba del bus, nosotros yendo hacia la cancha. Los jugadores me decían: 'No van a dejar jugar sin ropa'. El Nacional nos había preparado un juego negro, pantalón negro, camiseta negra, pero Conmebol decía: 'No, el informe tiene estipulado que tiene que ser celeste y blanca'". La salida llegó por un contacto del staff: "Uno de los colaboradores que tenía el plantel, no me acuerdo si era de prensa o qué, dijo: 'Yo soy amigo de alguien de la Selección y la Selección está ahí a tres cuadras en el hotel, que está jugando la Sub-20. Déjame hablar'". Desde el micro cerraron el acuerdo: "Empezaron a hablar mientras nosotros estábamos arriba del micro, se pusieron de acuerdo y los utileros de la Selección dijeron: 'Cuando ustedes lleguen, nosotros ya les llevamos los cajones de la utilería'".

Lavallén reconstruye la odisea en Quito que precedió al triunfo de Atlético Tucumán en Libertadores

El micro llegó una hora y media tarde y el descenso desde el aeropuerto fue tenso. "Imaginate que nosotros llegamos una hora y media tarde. El bus iba haciendo willy. Llegamos al aeropuerto de Quito y todo el viaje hasta el estadio es bajada de montaña. Íbamos en un micro de dos pisos y le dijimos al chofer: 'Pará un poco porque nos vamos a matar'". Al estacionar, el motor cedió: "Fijate cómo venía el chofer que, cuando el micro para en el estadio y estaciona, el motor se funde y empieza a echar humo".

En el vestuario se mezclaron utileros rivales, de la Selección y ropa negra preparada por El Nacional; Lavallén estimó "no menos de 60 personas". Un delegado de Conmebol fijó el límite: "Entra alguien de Conmebol y me dice: 'El partido arranca, ponele, 10.30. Faltan 10 minutos. Si en 10 minutos no están en la cancha, pierden los puntos'". Los futbolistas se cambiaron apurados, salieron tres minutos y volvieron a entrar: "Agarraron las camisetas así, se las pusieron, salieron a la cancha, no sé para qué porque estuvieron tres minutos y entraron de nuevo. Fue una locura".

Entre el aeropuerto de Guayaquil y el Atahualpa transcurrieron entre tres y cuatro horas de tensión. Hubo cruces con un hincha —"Se van a comer tres"— y el Laucha quiso responder; algunos plantearon no presentarse. "Estábamos todos muy nerviosos, irritados, estaba crispado el clima. Algunos decían: 'No tenemos que ir, no sabemos si vamos a jugar, no vayamos'. Estábamos sacados". Antes de salir, Lavallén los reunió: "Me acuerdo que, cuando se ponen la camiseta los jugadores en el vestuario, que ya habían hecho una entrada en calor que duró tres minutos y medio, se reúnen así en un grupito y me miran a mí. Y yo les digo: 'Muchachos, vamos a la guerra. Guerra como en el barrio'". Y aclaró: "Porque la verdad era como en el barrio. Nosotros, los entrenadores, cuidamos que el jugador llegue al vestuario, tenga su tiempo, organice sus cosas, se cambie tranquilo, esté pensando lo que va a hacer... Bueno, eso no pasó. Nada".

En la cancha, pese al caos previo, el guion táctico apareció solo. A los 15 minutos del primer tiempo, su ayudante de campo, el Mono Claut, le señaló que ejecutaban el plan trabajado en Tucumán: juego al pie y evitar pelotazos por la altura. "'¿Te diste cuenta que están haciendo todo?', me dice. 'Sí, están haciendo todo', le contesté. 'Lo vamos a ganar, lo vamos a ganar'". El primer tiempo cerró 0-0; El Nacional, que había empatado 2-2 en Tucumán, empujaba desde la tribuna mientras Atlético se mantenía sólido. En el complemento, Lavallén autorizó el salto ofensivo: "Les dije: 'Después de los 15 ahí podemos soltarnos'. Después de los 15 hicimos el gol a los 16". Fernando Zampedri cabeceó el 1-0 que clasificó al Decano y selló la leyenda.

Para el entrenador, separar el partido de la previa sigue siendo difícil. "Fue una locura que terminó bien en anécdota y en libro", cerró. Y sobre aquella campaña agregó: "Lo de Atlético Tucumán también ha sido una excelente experiencia. Queda para el recuerdo".

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