Villarruel asiste a la Fiesta del Milagro en Salta entre encuentros con la Iglesia y gestos políticos
La vicepresidenta participó este domingo de la misa estacional y se reunió con obispos y el nuncio apostólico en un viaje sin recibimiento del gobernador Sáenz, en vísperas de la procesión y a un año de las elecciones.

La vicepresidenta Victoria Villarruel llegó este domingo a Salta para integrarse a la Fiesta del Milagro. Participó de los oficios religiosos y mantuvo un encuentro con la cúpula eclesiástica, en un escenario de creciente tensión social y a un año de las próximas elecciones.
Poco antes de las 10 de la mañana ingresó a la Catedral Basílica de Salta para la Misa Estacional en honor al Señor del Milagro, una de las celebraciones religiosas más importantes de la provincia. Ese oficio cierra los nueve días de rezo de la novena por los patronos tutelares salteños y antecede a la histórica procesión que se realiza desde hace 334 años.
En esta ocasión, el gobernador Gustavo Sáenz no encabezó un recibimiento protocolar en el aeropuerto. A prácticamente un año de un nuevo proceso electoral, el gesto adquiere total relevancia política. Villarruel arribó custodiada por un férreo operativo de seguridad y acompañada por un reducido grupo de colaboradores.
Ya en la sede del Arzobispado salteño, se entrevistó con los principales referentes de la curia local. En el mismo recinto coincidió con el nuncio apostólico, Monseñor Michael Wallace Banach, una figura que será clave durante la visita del Papa León XIV a nuestro país, en noviembre. El representante vaticano fue quien celebró la misa.
Durante el oficio religioso, a Villarruel se la observó sostener un rosario con sus manos, intercambiar el saludo de la paz con el gobernador y otros allegados, recibir la comunión y escuchar con atención las palabras del arzobispo saliente, Mario Cargnello.
"Pensé y recé mucho por usted. La Vicepresidencia es un lugar difícil... porque le toca presidir el Poder Legislativo. El Papa Pío XII, que era un visionario, se dirigía al mundo en los radiomensajes —imagínese, eran los primeros años de la radio— y en la Navidad de 1943 dio un mensaje sobre la democracia. Se llama Humanitas et benignitas (humanidad), y ahí habla de la democracia porque él veía que se venía la democracia y que el sistema tiene como actor fundamental al Poder Legislativo. Eso no se entiende mucho en nuestro país, porque el régimen de gobierno es más presidencialista y le da más fuerza al Ejecutivo", reflexionó el arzobispo.
En un tono crítico hacia parte de la dirigencia actual, monseñor cargó contra los legisladores que "marcan la cultura de un pueblo" promoviendo leyes que no impulsan el bien común "sino que buscan otros intereses y no promueven la dignidad y el valor de la persona". "Desde la concepción en el vientre de la madre hasta el último aliento, deshumanizan y se convierten en inicuas. No le tengan miedo a Dios. Nosotros no queremos un régimen teocrático, pero sí queremos un régimen que respete la verdad de la persona y que respete el bien común de nuestro pueblo", enfatizó ante los feligreses en la explanada de la Catedral.

Concluida la ceremonia matutina, la vicepresidenta brindó unas breves declaraciones en medio de una multitud de personas. "Hoy, en el Señor y la Virgen del Milagro, estamos mostrando la unión del pueblo argentino, la devoción, la fe en Dios y, por sobre todo, vemos el inmenso sacrificio de aquellos que vienen peregrinando para ponerse de rodillas ante estas imágenes, que son las que protegen al norte argentino. Para mí, como vicepresidenta, es un honor estar aquí hoy con todos ustedes, celebrando la fe católica, el amor a la patria y el amor a nuestro prójimo", expresó.
Aunque se especuló con la posibilidad de un almuerzo oficial en la residencia del gobernador Sáenz, esto no sucedió. Una vez que las autoridades locales se retiraron del emblemático edificio ubicado frente a la plaza 9 de Julio, la titular del Senado Nacional permaneció en el Arzobispado y almorzó con obispos que llegaron desde distintos puntos del país. El menú elegido fue empanadas: a las 13, dos personas de un local gastronómico céntrico se acercaron al edificio con una docena de cajas que contenían la tradicional comida regional.
Una hora después, Villarruel se retiró del lugar en medio de un fuerte operativo de seguridad que la trasladó cuatro cuadras, hasta el hotel donde se alojó.
La mandataria eligió un hotel céntrico ubicado frente al Palacio Legislativo de Salta para descansar tan solo una hora antes de emprender rumbo, nuevamente, a la Catedral para participar de la procesión en honor a la Virgen y al Señor del Milagro. Llevó un poncho con los colores de la bandera nacional y un ramo de claveles rojos y blancos —como los que adornan las imágenes religiosas— para participar de la festividad.
Durante su estadía, la calle donde se ubica el establecimiento hotelero permaneció cortada, sin acceso vehicular y custodiada por efectivos de la Policía Federal y de la fuerza local.
La visita de Villarruel a Salta fue escueta, pero no pasó inadvertida. Hubo gestos políticos con uno de los gobernadores más dialoguistas con la Casa Rosada y una cumbre con parte de la Iglesia, que adopta cada vez un perfil más crítico hacia la conducción del presidente Javier Milei.


