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Kevin de Vries agota Mandarine con un set de cuatro horas en plena tormenta

Entradas agotadas, cuatro horas al frente de la cabina y una pista sin pausa: el 26 de septiembre el DJ alemán cerró en Buenos Aires una gira argentina que ya había pasado por Córdoba, en una producción de BAN Talent.

· 5 min de lectura Por Redacción Base Tucumán

Kevin de Vries agota Mandarine con un set de cuatro horas en plena tormenta

Antes de que arranque la música, un sold out habla de una cita marcada en el calendario: entradas buscadas con tiempo y un nombre que convierte la llegada en plan fijo. Kevin de Vries regresó a Buenos Aires en ese escenario.

El sábado 26 de septiembre el DJ alemán volvió a Mandarine para liderar un set de cuatro horas. BAN Talent llevaba meses generando expectativa alrededor de la fecha. Videos, comentarios y fragmentos de otros sets en redes dejaban claro que buena parte del público electrónico argentino esperaba esa noche.

El vínculo con el país se extiende hace varios años. Esta gira sumó una presentación en Córdoba la víspera; pocos días antes de regresar, De Vries subrayó esa continuidad y afirmó que hoy siente “un nivel de confianza mucho más profundo” con el público argentino y que esa familiaridad le permite tomar más riesgos en vivo.

Nacido en Alemania y con base en Berlín, De Vries armó su carrera sobre techno melódico. Contó que mudarse a esa ciudad lo ayudó a definir su identidad musical y a observar de cerca una cultura de clubes donde los sets pueden estirarse muchas horas.

En 2018 se vinculó a Afterlife, el sello y plataforma de Tale Of Us, referencia de la electrónica actual. Publicó allí y también en Drumcode y Cocoon. Producciones como Dance With Me y Metro, con Mau P, ampliaron su alcance.

Recientemente sumó Man Like Me, junto al productor argentino Platero, después de que el local le enviara una primera versión. De Vries lo metió en sus sets antes del lanzamiento oficial y el tema salió en agosto de este año por ÆDEN Records, sello impulsado por Anyma.

Coachella, Tomorrowland, Awakenings y Time Warp figuran entre sus escenarios, además de fechas en Ibiza, Miami y Las Vegas. Más allá de festivales y temas propios, la selección ocupa el centro de sus shows: busca tracks y lee la respuesta del público para orientar cada set. Para Argentina preparó música nueva, edits e IDs inéditos; en Buenos Aires tuvo cuatro horas para desplegarlos.

Mandarine se volvió escenario recurrente de las grandes fechas electrónicas porteñas; su calendario muestra el peso de la Costanera en el circuito. Solo en septiembre pasaron por allí John Summit, Hot Since 82 y Kevin de Vries. Para octubre están anunciados Miss Monique, CamelPhat, Boris Brejcha y Solomun.

BAN Talent produjo la noche y mantiene presencia sostenida en ese circuito, con artistas internacionales en distintos puntos de Argentina y la región.

Cerca de la una de la madrugada la velada ya estaba en marcha: GUEVA abrió y Marian Ariss estaba en cabina. Pese al sold out, el ingreso resultó ágil, con controles sin demoras. La logística acompañó toda la noche: baños suficientes para no alejarse mucho de la pista y circulación fluida.

Kevin de Vries agota Mandarine con un set de cuatro horas en plena tormenta

Un detalle llamó la atención: no hubo un VIP ocupando el frente del escenario. Mesas y backstage quedaron detrás del DJ y la pista principal fue general. En fiestas de esa escala, el privilegio real suele ser ver, bailar y moverse sin pertenecer a un sector cerrado. Hubo momentos más densos junto al escenario, propios de la convocatoria, pero también espacio para seguir bailando.

Esa noche Mandarine operó bajo carpa, estructura que el predio no usa en todas sus fechas y que resultó clave ante el pronóstico de lluvia. Adentro convivieron dos climas: afuera, tormenta fuerte; bajo la lona, música, láseres, calor humano y una pista que no frenaba.

Desde la pista no se escuchaba la lluvia ni se percibía humedad; solo al salir al baño y ver el piso mojado quedaba claro lo que ocurría afuera. Durante horas el baile siguió aislado de un Buenos Aires empapado a pocos metros.

El público se concentró en torno a los treinta años. En indumentaria domina el negro —una costumbre muy local en la electrónica, donde lo canchero y lo cómodo conviven: botas, anteojos, transparencias, prendas amplias y algún brillo dentro de una paleta estable. Producirse sí; sufrir en la pista, no.

Cuando De Vries tomó la cabina, la reacción confirmó la expectativa. Quienes siguen sus sets online reconocen sonidos que reaparecen una y otra vez; en vivo ganan otra escala, sin auriculares ni pantalla intermedia.

El set varió de intensidad, pero no hubo un tramo en que la energía pareciera derrumbarse: una selección empujaba a la siguiente y el movimiento seguía. Ahí se entendía mejor lo que el artista decía sobre la relación con el público argentino: margen para llevar la música a distintos lugares sin perder a la gente.

Uno de los picos llegó con Where Have You Been, de Rihanna, versión que venía circulando en sus videos y viralizándose en redes. En Mandarine, las primeras notas reconocibles cambiaron la reacción de la pista.

Cuatro horas en el line-up suenan largas; bailándolas, no necesariamente. No apareció el instante de mirar la hora esperando un nuevo impulso. Cuando se acercaban las seis de la mañana, la sensación era pedir una hora más.

A las seis, cierre. Con la salida reapareció un Buenos Aires mojado. Tras una noche ordenada en lo organizativo, quedaba el clásico post-fiesta: volver cuando todos intentan hacerlo a la vez. Muchos conocen la táctica de irse diez o quince minutos antes para evitar la cola; el dilema es perderse el final. Quienes se quedaron hasta el último minuto ese sábado pagaron después con espera y cansancio de domingo — un precio habitual después de una madrugada así.

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