Cumbre en la Casa Blanca: pausa arancelaria hasta el 10 de enero y roces por Taiwán e inteligencia artificial
Trump y Xi cerraron en Washington una prórroga comercial acotada y exhibieron acercamiento personal, pero mantuvieron distintas posturas sobre la isla, Irán y el control de la IA; los especialistas ven continuidad en la rivalidad estratégica.
· 3 min de lectura Por Redacción Base Tucumán

Donald Trump y Xi Jinping se encontraron en la Casa Blanca en un encuentro de alto perfil que mezcló simbolismo protocolario con avances materiales limitados. Hubo recepción personal en la pista, trompetas y banderas, una cena de Estado con más de 130 invitados y un paseo por las obras del futuro salón de baile de la residencia presidencial. Los analistas leyeron esos gestos como un intento de mostrar que ambos pueden encuadrar la competencia bilateral dentro de márgenes manejables.
En público, Trump habló de una "verdadera gran amistad". Xi, más contenido, prefirió hablar de "relación personal" e instó a que las dos potencias "coexistan en paz".
El desenlace más tangible fue la prolongación de la tregua comercial que frenó la guerra arancelaria que impactó la economía global en 2025. El compromiso vence el 10 de enero, un calendario que los observadores asocian más con las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre que con una apuesta por una solución de fondo. "No creo en un cambio profundo o duradero en la dinámica estructural de la rivalidad estratégica", advirtió Jared Mondschein, del United States Studies Centre de la Universidad de Sídney.
Sobre Taiwán, Xi pidió a Washington actuar con "prudencia" y exigió abiertamente que Estados Unidos rechace la independencia de la isla, territorio que Pekín considera propio. Los expertos no anticipan un giro efectivo en la línea estadounidense. "El presidente Trump puede hacer declaraciones que vayan en contra de la política tradicional, pero eso no se traduciría necesariamente en un cambio real", señaló Bates Gill, del National Bureau of Asian Research.

En el frente iraní, Xi manifestó su deseo de que Washington y Teherán alcancen un acuerdo negociado "lo antes posible". La formulación subraya el lugar incómodo de China: como aliado central de Irán absorbe parte del costo del conflicto impulsado por Estados Unidos e Israel, mientras Washington espera que Pekín presione para que Teherán ceda.
En inteligencia artificial, Xi sostuvo que ambos países tienen la "responsabilidad de garantizar que el desarrollo de la inteligencia artificial esté siempre bajo control humano". Trump, por su parte, dejó claro que prefiere dejar las cosas "exactamente donde están", en referencia a las demandas de regulación. Dylan Loh, de la Universidad Tecnológica de Nanyang, sintetizó el punto muerto: "Hay un amplio consenso sobre los riesgos vinculados con la inteligencia artificial, pero no sobre la manera de gestionarlos".
Entre anuncios menores, Xi se comprometió a invitar a 100.000 jóvenes estadounidenses a China en cinco años y ofreció el préstamo de dos pandas a un zoológico de Atlanta. Al mismo tiempo, reiteró la advertencia sobre la "trampa de Tucídides", la idea de que el choque entre una potencia emergente y otra consolidada eleva el riesgo de conflicto. Tras la pompa, la competencia entre China y Estados Unidos sigue siendo el telón de fondo.
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